VÍDEO INTRODUCTORIO A LA UNIDAD III DEL CURSO SOBRE PENSAMIENTO TEOLÓGICO NICARAGÜENSE.







CURSO PENSAMIENTO TEOLÓGICO NICARAGÜENSE
Carrera: Licenciatura en Teología. Nivel: 5to año, avanzado.
Horario: 08:00-10:15AM. Profesor: Msc. Miguel España.
Modalidad: Virtual. Director FEET: Dr. Harold López R.



LECTURA # 3: QUEHACER TEOLÓGICO NICARAGÜENSE[1]

La teología como ciencia hermenéutica con pretensión de verdad en el conjunto de los otros conocimientos, debe establecer sus métodos, mediaciones, instrumental y categorías de análisis; todo ello sometido a la prueba de su validez. Sobre este asunto ampliaremos adelante.

En teología han existido muchos métodos teológicos, así nos da testimonio Claudio Delpero (1998) Génesis y Evolución del Método Teológico, y Raúl Berzosa (1999): ¿Qué es teología?

Cada método responde a un momento del desarrollo material-ideológico de las sociedades e iglesias donde se desarrollan las teologías.

El método de K. Barth, basado en la centralidad de la Palabra de Dios y la inaccesibilidad de la razón humana al “Dios totalmente otro”; de Tillich y Bultmamn basados en el existencialismo, el primero sostiene el método de correlación que consiste en “explicar los contenidos de la fe cristiana a través de la mutua interdependencia de las cuestiones existenciales y de las respuestas teológicas” (p, 86), “realiza un análisis de la situación humana del que surgen las cuestiones existenciales y demuestra luego que lo símbolos utilizados en el mensaje cristiano son las respuestas a tales cuestiones” (p, 89), el segundo propone un método desmitologizador que consiste en hacer accesible el Evangelio al hombre moderno, el cual no cree en milagros o mitos, y acercarle el Kerygma como núcleo salvífica existencial; tenemos a J. B. Metz con su método político, a Rahner con su método antropológico trascendental, y así la teología de la liberación y las teologías contextuales y decoloniales con su premisas y metodologías.

En la producción teológica nicaragüense podemos observar que se han hecho aplicaciones de estos acercamientos metodológicos y hermenéuticos, ya sea por relación directa con estos autores o ya sea por mediación de teólogos connotados latinoamericanos con formación europea o anglosajona.

Lo central no versa sobre ser lo más original posible, sino en tomar lo heredado y aplicarlo, actualizarlo y que cobre sentido en nuestro quehacer teológico. Por ello podremos utilizar con liberalidad algunos elementos metodológicos de uno u otro teólogo, siempre y cuando cobre coherencia y consistencia dentro de una trabazón metodológica en teología nicaragüense.

·         Las mediaciones del teólogo.

Todo modelo de producción teológica tiene una base material, una situación vital, un horizonte utópico. Los y las teólogos son producto de su tiempo, de su cultura, de su lenguaje y de las condiciones socio-religiosas y política-económica a la que pertenece.
Por ello mismo el o la teóloga no puede ser neutral en su teología. Ella o él escriben desde una determinada situación socio-económica, política-cultural desde donde ha sido formado como persona, como creyente.

Por otro lado esta situación por muy “determinante” que sea siempre es posible una objetividad y libertad. Esta objetividad y libertad no se lo da la negación de sus propias mediaciones, sino al contrario, el teólogo estar lo más claro posible de sus condicionamientos psicológicos, ideológicos.

Para el quehacer teológico nicaragüense no es necesario ser aséptico y pregonar una neutralidad y objetividad que no es posible sino solo como excusa para encubrir intereses, o por pereza deshonesta.

En el proceso de producción teológica nicaragüense se lee la biblia mediada por un compromiso comunitario, se hace teología como reflexión sobre las posibilidades e imposibilidades que las condiciones histórico-materiales presentan para la reproducción de la vida, ya que Dios es el Dios de la Vida plena (GLORIA DEI VIVENS HOMO), y no solo el Dios de la vida “espiritualizada”, “descorporalizada,”  de la teología conservadora. 

En Nicaragua podemos trazar dos modelos de producción teológica que tratan de imponerse por la fuerza de sus propias lógicas. El Modelo de Teología Fuerte  (MTF) y el Modelo de Teología Débil (MTD).

·         Unas notas sobre el carácter de modelo[2] y de fuerte/débil[3] en el quehacer teológico nicaragüense.

Los paradigmas son modelos globales de comprensión e interpretación que responden a las convicciones de una época y son asumidos por una comunidad durante un tiempo. Pues bien, en cada paradigma pueden darse una pluralidad de escuelas, opciones teóricas y formas organizativas distintas, aun cuando todas compartan un trasfondo común. Ello sucede tanto en el terreno científico como en el teológico.

Dentro del paradigma helenista, por ejemplo, se mueven Ireneo, Clemente de Alejandría, Orígenes y otros, aunque con acentos distintos. En el paradigma medieval se encuadran Anselmo de Canterbury y Abelardo, Tomás de Aquino y Buenaventura,De Scoto y Ockham, aun siguiendo caminos metodológicos propios y llegando a resultados parcialmente diferentes.

En el paradigma de la Reforma se inscriben, Lutero, Calvino y Zwinglio, Thomas Münzer, quienes a su vez, tienen concepciones divergentes de la misma. En el paradigma de la Modernidad se ubican Semler y Reimarus, Schleiermacher y Baur, Harnack y Troeltsch, a pesar de sus diferencias.

El Paradigma latinoamericano de liberación con R. Alves, G, Gutiérrez, R. Shull, Asmann, Sobrino, Boff, Ellacuría, e.o., es nuestro antecedente inmediato en el proceso del quehacer teológico nicaragüense.

La recepción de un nuevo paradigma en el campo de la teología cristiana debe contar con la aceptación de la comunidad teológica, pero no en solitario sino en el contexto del cambio de paradigma de Iglesia y en la perspectiva del cambio producido también en la sociedad. Hay, por tanto, una interdependencia entre historia de la teología, historia de la Iglesia, historia de la cultura e historia de la sociedad.

En el cambio de paradigma suelen intervenir factores externos a la propia ciencia o la teología: individuales, sociales, culturales, políticos, etc. Influyen también las creencias o convicciones religiosas del teólogo o de la teóloga y del investigador. En uno y otro caso se produce algo parecido a una conversión, que requiere motivos objetivos convincentes (no es un proceso irracional), pero también una actitud de confianza. Al principio el nuevo paradigma en el terreno de la ciencia cuenta con muy pocos defensores, generalmente jóvenes.

Ahora las categorías de fuerte/débil se las debó al filósofo Gianni Vattimo.

Por “débil” Vattimo parece entender esencialmente dos cosas: pluralístico e incompleto. Se trata de dos “ejes críticos” fundamentales del discurso teórico, dos posibles líneas de disolución de la teoría, también definibles (respectivamente) en términos de sincronicidad (muchas tesis, muchas “verdades”, muchas interpretaciones, son simultáneamente legítimas) y diacronicidad (ninguna tesis, ninguna verdad puede decirse definitiva y concluyente), correspondientes por tanto a dos clásicas formas de relativismo, respectivamente: epistemológico e histórico[4]

El pensamiento débil es una respuesta al pensamiento fuerte, o metarrelatos de la clásica metafísica, de los absolutos. Toma a Nietzche y Heidegger para dialogar con ellos sobre la Diferencia[5] o sea, sobre la superación de la metafísica.

En lo que atañe a esta investigación utilizaré estas categorías aplicada a la producción teológica nicaragüense, sin entrar a pormenores críticos alrededor de la propuesta total de Vattimo ya que no es del interés para nuestro propósito.

El Pensamiento Fuerte se referiría a los relatos doctrinales, metafísicos, de pretendida ahistóricididad de los sectores conservadores. Este relato se le conoce en este sector como “sana doctrina”, o sea, una interpretación de las Escrituras basadas en un modelo heredado del pasado, inmóvil, eterno, infalible e inerrante. La falsa conciencia en estos teólogos estriba en el hecho de no caer a cuenta que lo que ellos llaman “sana doctrina” no es sino una interpretación de las Escrituras, que alguien, en un tiempo y lugar, con ciertos intereses particulares elaboró y que ha quedado como referente doctrinal de un grupo. El caso por excelencia en Nicaragua es el modelo dispensacionalísta Scofiliano.

El pensamiento débil es el caso de la teología nicaragüense. Es histórica, ubicada, contextual. Trata de dialogar con los grandes planteamientos de la filosofía, sociología, teología pero teniendo como referente su particularidad, su debilidad, su concretes, su identidad.

Sobre este asunto ya había reflexionado Luz Beatriz Arellano, religiosa católica, en tiempo de los 80, pero utilizando otros términos. Para Beatriz el modelo de producción teológica en Nicaragua de ayer estaba ligado a la estructura piramidal de la iglesia pos-conciliar, reflejaba a la vez la sociedad capitalista dependiente en la que nos movíamos y el modo de producción de una sociedad de clases.[6] Era una producción elitista por una minoría masculina, donde las mujeres y laicos eran “objeto” de la reflexión y no sujetos. En este sentido este modelo de producción teológica “piramidal” equivale desde la iglesia católica nicaragüense  al MTF.

Desde el enfoque de Arellano este “modelo Fuerte” de hacer teología fue evolucionando a medida que se fue transformando la conciencia cristiana en favor de los más pobres de nuestro pueblo, asumiendo prácticas concretas de liberación. El nuevo modo de hacer teología en Nicaragua se da gracias a un nuevo “dinamismo” popular que ha sido liberado gracias a la “revolución”, que ha liberado y hace posible en Nicaragua vivencias y realizaciones que son utópicas en otras sociedades[7].

Elemento claves[8] de esta transformación son:

ü  Leer la Palabra de Dios desde la realidad de los más pobres.
ü  Asumir la causa de los pobres como la causa de Jesús.
ü  Tomar conciencia de la centralidad del reino de Dios en la propuesta de Jesús que impulsa la instauración de un orden social nuevo de mayor justicia.

·         Funciones de la hermenéutica bíblica y teológica nicaragüense.

1.      Función desmixtificadora.

Critica a la función legitimadora de los discursos políticos religiosos de los poderes de dominación mundanos. Discursos que elevan a absolutos y cuasi divinos los poderes y caudillos humanos son expuestos a la luz del Evangelio como antievangélicos. (Ejm: se asumen categorías y verdades humanizadoras o evangélicas desde un discuso estrategicos para legitimar el poder: desmixtificar es negar la manipulaciòn para recuperar el sentido evangélico)

2.      Función desmitologizadora.

La sociedad nicaragüense tiene una subjetividad social mágica religiosa, que reproduce los fatalismos, infantilismos y providencialismos. Estos dispositivos son una “subjetividad dominante” que retiene con fuerza la subjetividad creadora y esperanzadora nicaragüense. De igual manera entorpece el trabajo del Evangelio, ya que muchas veces inhabilita la fuerza salutífera, liberadora, amorosa y esperanzadora del Evangelio. Por ello la función desmitologizadora trata de desvelar los mecanismos fatalistas de la subjetividad cultural nicaragüense para que estos sean superados, y así activar o dejar cause libre a las potencialidades creativas en la construcción de una iglesia y sociedad mejor.  Por lo dicho se comprenderá que se aplica también al texto bíblico.

3.      Función actualizadora.

Las iglesias hemos recibido una herencia eclesial, espiritual y teológica. Estas respondían a otras culturas y realidades.
Es muy importante preguntarnos por la pertinencia actual de esa herencia, y para eso se necesita releer para actualizar los sentidos de la tradición teológica. La iglesia tiene esperanzas escatológicas, pero también tiene una tradición que la vincula y, le da identidad y le da posibilidad de estar preparada como las novias prudentes, con una visión teológica clara y esperanzada.

4.      Función profética.

Está en la línea del principio protestante de Paul Tillich. Es la critica a los fetichismos, las idolatrías; crítica contra todo aquello finito que tenga pretensiones de absolutez, pretendiendo quitar la soberanía y gloria a Dios. Todos los ídolos huyen desnudos y avergonzados.

5.      Función orientadora ética.

La teología debe orientar a la iglesia y sociedad ante los problemas éticos fundamentales. No moralizar, sino orientar desde el diálogo entre ciencia y ética cristiana. Los femicidios, la contaminación de la naturaleza, la violencia hacia la niñez, los autoritarismos, etc., son vistos desde el proyecto de Jesús de Nazaret, y juzgados como deshumanizantes. Los valores del reino de Dios son pensados desde las propuestas socio-políticas, económicas y culturales, y así orientados desde y hacia una cada vez mayor humanización. Esto hace brillar los signos del reino de Dios en la sociedad.

·         Premisas del método en teología nicaragüense.

Ø  Lugar teológico.

En una comprensión de la teología sobre todo a partir del balcón, esos lugares se reducían a autoridades y Fuentes principales de la teología: Escritura, Santos Padres, Dogma, concilios, teólogos (especialmente Santo Tomas). En el caso protestante Lutero, Calvino, Zwinglio, Wesley, etc. EI viraje de la modernidad enseñó a descubrir, en sentido diferente pero real, como "lugar teológico", la experiencia humana, en cuanto "lugar del sentido". Se privilegiaron las experiencias cargadas de densidad existencial: dolor, sufrimiento, muerte, angustia, vacío existencial, etc.

La teología de la liberación, a su vez, reconoció en el pobre el lugar privilegiado do para teologizar… En fin, cualquier lugar, en el que se decide la historia, la vida, la aventura y el amor humanos, con su ambigüedad, se convierte en "lugar teológico" de la nueva y diversificada teología.[9]

En la Teología Nicaragüense los lugares teológicos son aquellos acontecimientos históricos que configuran nuestra historia, identidad y esperanzas como pueblo de Dios ubicado en la geo-existencia nicaragüense; también proyectos de liberación, humanización y dignificación que representan signos del paso del Espíritu por nuestra historia mal trecha.  Obviamente que los lugares teológicos clásicos permanecen en tanto que son los principios para el saber teológico (credo ut intelligam).


Al centro no está ninguna teología, doctrina, teólogo, pastor, ideología, agenda particular; no, sino la palabra de Dios, el evangelio.  Como parte de la comunidad está el teólogo, pastor.

La labor del teólogo, entonces, estará en reflexionar con, desde y para la comunidad donde está comprometido. El compromiso tiene dos momentos: el compromiso de la praxis de liberación en comunidad y el compromiso de reflexionar desde esa praxis para iluminar el camino, la misión, la evangelización, la celebración y esperanzas de la comunidad de fe.

No hay nada más triste que un teólogo sin comunidad. ¡Triste y peligroso!. La comunidad revitaliza la fe, da sentido de solidaridad, crea relaciones de fraternidad, y lo hace sensible y misericordioso. Conoce las necesidades concretas, las luchas y esperanzas concretas de personas que necesitan ser liberadas, no solo de la alienación mental y espiritual, sino de la opresión y exclusión socio-económica y política.

La teología que surge de “llaneros solitarios”, de “desarraigados” será cada vez menos sensible, humilde y comprometida con procesos concretos de las comunidades. La sensibilidad teológica surge del compromiso con el día a día de la comunidad de fe. Obviamente las comunidades de fe están también bajo el signo de la ambigüedad existencial, para utilizar un término de Tillich. Por ello no debemos divinizar, ni entronizar  la comunidad como imagen perfecta, sociedad perfecta. Pero tampoco debemos creernos “mesías”: queremos transformar la conciencia de la comunidad de una sola vez, con discursos liberadores que terminan lastimando la conciencia de los hermanos y lacerando el cuerpo de Cristo.

El llamado del teólogo no es dejar sin empleo al Espíritu Santo, sino ser parteros, para utilizar una imagen socrática, acompañar en el proceso del nacimiento del nuevo hombre y mujer, es acompañar y apoyar en que Cristo crezca cada día en la comunidad de fe.

Ø  Objeto de la teología: Dios revelado en la historia salvífica.

Porque aunque haya algunos llamados dioses, ya sea en el cielo o en la tierra, como por cierto hay muchos dioses y muchos señores, sin embargo, para nosotros hay un solo Dios, el Padre… (1 Cor. 8: 6-6)

En la palabra “Dios” se pueden nombrar muchas realidades divinas, demoniacas y humanas. Aunque Dios es en todo, no todo es Dios. Panenteísmo no es igual a panteísmo. Cada religión tiene su propia imagen de Dios[10]. No todas las imágenes de Dios[11] corresponden verdaderamente a Dios en cuanto Dios (pero, qué es Dios en cuanto Dios, yo no lo sé). Olegario Gonzáles de Cardedal nos dice que hay dos formas de preguntar por Dios.  ¿Existe Dios, y qué es?, es la propia de la filosofía. ¿Quién eres tú para mí, Dios mío?, es la propia de la biblia.[12] Ese Dios de la biblia es un Dios personal, es un Dios que es responsable último del hombre. Por esa razón llamamos a Dios “Dios mío”, mas como relacionalidad que como posesividad. En la biblia la pregunta “quien es Dios para mí”, la respuesta bíblica es sencilla: Dios es para cada hombre lo que fue y como fue para Abraham, por ello le veneramos como padre de los creyentes[13] 

El Dios en el que creemos y tenemos esperanzas los cristianos es el Dios Padre, Creador, Salvador, liberador; es el Padre de Jesús de Nazaret: Abba. Dios ya no es más una “potencia” (natural o política-religiosa) sino “mi Dios”, mi Padre, mi Salvador. Es el Dios con el que Jesús tenía una intimidad paternal y habilitante que le hizo decir: Yo y el Padre, uno somos! (Jn. 10: 30)

Obviamente Dios no es objeto, pero es una forma de decir que es el sujeto sobre el cual reflexionamos nuestra fe. Y sólo podemos reflexionar con él y sobre él si lo hacemos con fe. La fe es el lenguaje del creyente. El verdadero teólogo debe estar en el círculo teológico, embargado totalmente por el evangelio, según Tillich.

Dios, objeto de nuestro meditar, es el de la revelación salvífica; es el Señor de la historia y las culturas. Es el Dios que nos revelan las Escrituras, entendido plenamente desde la imagen de la Creación (Gen. 1), del pacto con Noe (Gen. 9), de la promesa (Abraham, Gen 12), del éxodo, de los profetas, de Jesús de Nazaret y de la iglesia. Toda interpretación, entendimiento sobre Dios, con sus resultados prácticos, debe ajustarse al modelo Abba que tenía Jesús de Nazaret con Dios, sino corremos el riesgo de reducir a Dios a una imagen doctrinal.

Ø  Sujeto de la teología:

Las comunidades de fe y su experiencia/consciencia de ser pueblo de Dios en Nicaragua. La comunidad es donde la teología tiene su lugar especial y su función[14]. Esta es la respuesta a la pregunta ¿desde dónde hacer teología nicaragüense?, ¿cuál es su lugar teológico? La teología clásica partía de la tradición teológica, dogmática y filosófica, para poder reflexionar “ortodoxamente”.[15] Producto de los procesos eclesiales, sociopolíticos y culturales en América Latina de los años 60, 70 y 80 los pastores, teólogos y laicos fueron tomando mayor conciencia de la función dominadora y colonial de los discursos teológicos oficialistas. Desde sus compromisos con las iglesias populares, con pequeñas comunidades de fe, con el pueblo pobre y sufriente, fueron aprendiendo la palabra del pueblo, acompañando en la toma de conciencia de su situación de clase y esperanza cristiana. Aprender el lenguaje del pueblo primero (sentidos, experiencias, esperanzas, fe), aprender el evangelio de Jesús de Nazaret entre su pueblo para llevar a cabo una conversión moral y cognitiva. Convertida la conciencia del teólogo a la fe del pueblo, éste ilumina los elementos inhabilitantes de la religiosidad popular para ser repensados desde y para la fe y esperanza liberadora.[16]

Pablo Richard nos habla de tres niveles, que forman una unidad, del quehacer teológico nicaragüense como pueblo de Dios: 1. El pueblo que se siente pueblo de Dios, que sin mayores mediaciones expresa y vive su fe; 2. El pueblo organizado, como en las CEB, pero también comunidades y organizaciones de fe evangélicas. En este nivel la fe se expresa por mediación de los valores, doctrinas, enfoques de cada organización cristiana a la que se pertenece, y 3. Son los teólogos que reflexionan sistemática y críticamente la fe, y son reconocidos como teólogos propios y orgánicos con las comunidades de fe.[17]

Richard cuestiona a quienes creen que la teología en Nicaragua es muy pobre y que lo poco que hay ha sido importado desde fuera por teólogos extranjeros. Desde su metáfora del árbol explica que la teología tiene raíz (espiritualidad: experiencia de Dios en la práctica de liberación), el tronco (teología orgánica a las comunidades de fe), y las ramas (teología sistemática y profesional). En Nicaragua hay una riqueza muy grande a nivel de raíz y a nivel de tronco, lo que falta ahora es desarrollar más la teología a nivel de las ramas, es decir, explicitar y sistematizar profesionalmente toda la riqueza teológica acumulada en la raíz y tronco[18]

Dicho esto, podemos sostener que el sujeto de la teología es la Comunidad como sujeto de fe. Reconocemos la legitimidad de todas las formas de fe, niéveles de comprensión y conciencia de lo que significa para la persona y la sociedad la fe cristiana, pero no todo creyente es sujeto de su fe, muchas veces por los procesos de enajenación religiosa el creyente es “objeto” de doctrinas, estructuras, tradiciones y poderes religiosos. Esto cercena la capacidad reflexiva crítica del don de la fe, manteniendo aprisionado en un mundo de totalidad cerrada al creyente, y no permitiendo hacer preguntas, cuestionar, profundizar.

“Cree y no dudes” porque el que duda es como la ola del mar, impulsada por el viento y echada de una parte a otra (Santiago 1.6), “apaga la razón cuando Dios habla” se le amonesta al creyente.
Este discurso cala y calza muy bien en una sociedad marcada por un analfabetismo funcional, un índice bajo de lectura y un sistema educativo desfasado y deficiente que no responde a la Nicaragua del siglo XXI.

Ser sujeto de la fe es comprender que la nueva vida a la luz de la fe se ubica socialmente frente al prójimo, la naturaleza y Dios de una manera particular, o sea, como luz y sal. La eficacia de este ser-luz-y-sal esta en obedecer a Dios, servir a tu prójimo y vivir en armonía con la naturaleza.

La fe burguesa (Metz), intimista y escapista[19] no responde a las realidades de nuestra Nicaragua. Ante la crisis ambiental, de valores, política, de descomposición social y violencia, migraciones, corrupción no podemos solamente orar en lo “secreto” del templo o aposento (Mt. 6.6) sino asumir nuestro apostolado, nuestra Misión Integral a través de la evangelización y el testimonio profético y apostólico. 

Para ser sujeto de la teología, como escribe Vigil, el pueblo debe estar equipado con una serie de herramientas previas que le permitan asumir esta responsabilidad[20], en ese sentido el sujeto de la reflexión teológica es la comunidad creyente. Por ello Dussel reivindica al pueblo creyente como productor de su teología, en sus palabras,

En el nuevo modelo de producción teológica  el pueblo es sujeto material de la elaboración de una teología de la liberación desde Nicaragua… también el nuevo modo de producción teológica  requiere ciertas reivindicaciones… la reapropiación de la biblia por las clases populares y la conciencia de ser el intérprete más adecuado de la buena nueva para los pobres; el rescate de la sabiduría teológica escondida en la religiosidad popular; la liberación del autoritarismo eclesial para poner la institución al servicio del pueblo, y una fe que corresponda al proceso social que vive el pueblo, como condición y resultado a la vez[21]

Pero no cualquier herramienta, ya que existen herramientas de muchas índoles para diversas tareas y objetivos. Las herramientas de la teología tradicional,  fundamentalista, integrista tienen sus propios objetivos y tareas.

Las herramientas que utiliza la TN son aquellas que responden y están íntimamente relacionadas con la reproducción de la vida, la justicia, la paz. Las herramientas en si pueden hasta ser “capturadas por los enemigos” y ser utilizadas con otros propósitos que no responden a la de la TN, por ello las herramientas o metodología del quehacer teológico de la TN solo tiene legitimidad en dos sentidos: 1. Hacen brillar la luz del Evangelio (Reproducen la vida, la justica y la paz), 2. y  se verifican en la praxis de las comunidades, en su praxis creadora de comunidad simétrica.

Ø  Tradición.

La fuerza vinculante y su intrínseca posibilidad de actualización de la Tradición es muchas veces negada dentro de las iglesias evangélicas. Esto se debe a la herencia protestante y su lucha por la primacía del Solo Scriptura, Solo Christus,… desechando toda mediación entre Dios y los creyentes. Pero sabemos que esto se llevó al extremo gracias a las luchas confesionales y denominacionales.  

Los evangélicos no comprendemos bien la idea de tradición, y la desechamos como categoría católica romana. La biblia es tradición escrita que nos legaron los padres apostólicos y escritores bíblicos; las doctrinas centrales que sostenemos son herencia de los padres de la Iglesia y los Concilios Ecuménicos (Los primeros cuatro Concilios: Nicea, Constantinopla I y II, y el de Calcedonia), la herencia de los prerreformadores, de los Reformadores del siglo XVI, de los Avivamientos, Pentecostalimos, etc.

Por ello digamos que nuestra identidad cristiana contiene una tradición en tres niveles de autoridad: La tradición apostólica y Escrituraria, la tradición de las Padres de la iglesia (los del siglo iv-v y los del siglo xvi) y la herencia que nos legaron las misiones que dieron origen a nuestra denominación como tal.

Por lo tanto nombramos como Tradición toda esta herencia en nuestro inconsciente religioso. Para el teólogo esto pasa a ser consciente, y por ello es que adquiere una consciencia cristiana histórica y compleja.

Esto ayuda mucho en el quehacer teológico nicaragüense debido a que es ecuménica, histórica, actualizadora y contextual.  

Ø  Hermenéutica bíblica: Lectura comunitaria de la biblia.

Históricamente la biblia ha estado en manos de los especialistas. En la iglesia católica en el clero y teólogos laicos, y en la iglesia evangélica en los pastores, maestros de Escuela Dominical y teólogos. Estos especialistas determinan el sentido de las escrituras, que refuerce la identidad confesional. Esto está bien, las identidad son importantes, el problema está en no reconocer que las lecturas confesionales, son eso, una lectura, interpretación.

Los cuadernos o manuales para Escuelas Dominicales traídos de Estados Unidos era la garantía de estar en la sana doctrina. Por lo general estos documentos no respondían a las necesidades concretas y contextuales de la iglesia y la sociedad. Aunque el maestro debía hacer un esfuerzo por aplicar la lección. La regla era espiritualizar todo, aplicar para la intimidad y la subjetividad de cada hermano desde un enfoque culposo y moralizante. A falta de una buena formación en ética se recurre a moralizaciones.

Esto es así, aún contra la identidad protestante de la iglesia evangélica. Los principio de la Sola Escritura y el libre examen de las escrituras no significa que el Espíritu Santo nos capacite y guíe a toda verdad, para eso están los especialistas, sino significan que cuando termine la enseñanza bíblica de los especialistas usted vaya a su casa a “confirmar” lo que se dijo, nunca, pero nuca, a contradecir la vox dei oficial.

Esto está relacionado con el ejercicio del poder y la dominación religiosa. Lejos está esta actitud de ser evangélica. A esto le temía de iglesia de cristiandad de tiempos de Lutero cuando la Reforma pretendía poner la biblia en las manos del pueblo.

Es necesario devolver la primacía interpretativa a las comunidades de fe. No digo que los especialistas no son necesarios, al contrario son muy importantes, la cuestión es que según la lógica del Modelo Teológico Fuerte la comunidad se vuelve un receptáculo, objeto de la sabiduría de los especialistas.

Seamos más claros: los teólogos utilizan métodos de las ciencias sociales, históricas, lingüísticas, eo., para interpretar las escrituras. Por ello son exégetas y hermeneutas. Por otro lado los teólogos oficiales de las denominaciones utilizan todo el arsenal doctrinal y normativo. Por ello son doctrinologos, o ideólogos.

Estos métodos no son “la forma de la verdad”, sino solamente eso, métodos. Aunque existen criterios de verdad, que para mí, más que “objetividad” y “asépticidad” tienen que ver con su capacidad de humanizar, revelar el amor de Dios.

Por ello la teología en América Latina ha pensado en métodos  que responden a los modos de construir los saberes propios de nuestras comunidades. Métodos racionalistas, bancarios han dado paso a métodos populares como la Lectura Popular de la Biblia, el ver-juzgar-actuar.

Popular no es igual a menor calidad de reflexión, popular es participativa, en lenguaje comprensible para todos y todas, que parte de las experiencias de luchas y esperanzas de los y las participantes. Es darles la palabra a las personas, es escuchar al Espíritu Santo hablar a través de la comunidad, es estar a la escucha del otro/a, es construir verdadera comunidad cristiana de reconocimiento, hospitalaria, horizontal, fraterna.

Cuatro son las mediaciones en la lectura de la biblia y teológica:

1.      Mediación existencial. Es identificarse con el grito de los oprimidos y excluidos (Ex. 3: 7-10). La interpretación bíblica de las academias no tiene fuerza vinculante salvífica, sino solo las lectura bíblicas situadas en la comunidad creyente, desde el vínculo salvífico-existencial. Esta pertenecía originaria hace posible que la lectura de la biblia sea iluminadora, liberadora y movilizadora.
2.      Mediación socio analítica: ver la realidad con ojos de fe y con instrumentos de análisis de las relaciones de poder y de los recursos comunitarios para el desarrollo y liberación.
3.      Mediación hermenéutica bíblico-teológica: dejarse iluminar por lo que dice el Evangelio para discernir las respuestas de la biblia ante las preguntas de la cultura y los desafíos de la realidad.
4.      Mediación de  la praxis o Incidencia: asumir la causa de la comunidad de fe concientizada y movilizada por el Evangelio, la justicia, la verdad y la dignidad humana.
5.      Todo lo dicho realizado desde el Horizonte Hermenéutico:   Tomar consciencia de la centralidad del reino de Dios en la propuesta de Jesús, que impulsa la instauración de un orden bio-socio-tecno-espiritual nuevo de mayor justicia.

Hermenéutica teológica.

En la historia de la teología han existido muchas hermenéuticas bíblicas y teológicas, señaladas por Hans de Witt en su ya clásico libro “En la Dispersión el Texto es Patria”.  Existen muchos temas de debates que no es posible desarrollar aquí, así que solo referiré algunas cuestiones importantes para una hermenéutica bíblica –teológica nicaragüense. 

·         La clásica disputa entre la primacía hermenéutica entre exégetas y teólogos debe zanjarse a favor la Comunidad de Fe y no de grupos de poder en disputa.  Los exegetas disputan la primacía de su labor frente al teólogo sistemático arguyendo que ellos trabajan con el texto bíblico directamente, ellos son los guardianes de la verdad bíblica (sean estructuralistas o histórico). Muchos teólogos sistemáticos por su parte piensan que ellos son los que hacen asequibles y comprensible el mensaje de viejos textos autoritativos a las personas hoy día.  Ambos tienen cierta razón, pero se debe de proceder sintéticamente, no por exclusión.

El biblista yerra al creer que la palabra de Dios se reduce a la letra del texto bíblico; si así fuera el exegeta bíblico no sería más que un filólogo, semiólogo, arqueólogo, papirólogo. El exegeta también tiene una función explicativa, y por lo tanto hermenéutica, y he ahí su lado como teólogo. La Palabra de Dios es Jesucristo, es la comunidad creyente, son los acontecimientos reveladores de la voluntad salvífica de Dios para todas las personas, es la predicación, es la celebración, es la creación natural y artística. Pero debemos atenernos a la medida Escrituraria, sin que esta se convierta en camisa de fuerza en su letra y punto para no cerrar la posibilidad de discernimiento espiritual.

La comunidad de fe y su misión para el mundo es la clave para dirimir toda disputa. La exegesis o teología que creas ¿cómo ayuda a la misión de la iglesia?, ¿cómo ayuda a un saludable cercamiento a la cultura?, ¿cómo ayuda a iluminar la fe, a una ética cristiana realmente evangélica?, etc.

Es necesario ver el servicio que le hace la exegesis a la teología sistemática y kerigmatica al recordarle que la norma de toda teología es la Escritura; pero también la teología sistemática brinda el servicio al exegeta de identificar sesgos, pertinencia o no de la exegesis bíblica para una vitalización y actualización del mensaje cristiano para la sociedad, y sobre todo que la exegesis no es “método divino” sino que es una ciencia hermenéutica en el concierto de muchas otras ciencias hermenéuticas. 

·         La distinción entre hermenéutica bíblica y hermenéutica teológica consiste en que la primera se encarga de trazar el sentido de los textos bíblicos, ya sea estructuralmente (semiótica) o históricamente (Métodos Históricos críticos), mientras que para la segunda trata de correlacionar los sentidos bíblicos-salvíficos con las realidades en las que se encarna de misión de la iglesia. La teología sistemática no debe solo estar disputando qué doctrina es más bíblica que otras, sino orientado a la iglesia y sociedad en medio de sus desafíos.

·         La hermenéutica del texto bíblico puede darse en tres corrientes: la univocista, la equivocista y la analógica. La primera postula un único sentido del texto bíblico, y por lo tanto el trabajo del exegeta es descubrir ese sentido “puro”. Para el equivocista “casi cualquier interpretación sería válida”, de ahí que se peligre con aventuras interpretativas demasiado subjetivistas. La analógica es un término medio entre ambas posturas, equilibra una recta comprensión exegética del texto (pragmática) con una experiencia hermenéutica que pueda manejar textos no solo metafórico y figurativos sino textos psicológicos, históricos, sin perder lo característico de cada cual.

El univocista corre el peligro de cerrar los sentidos del texto bíblico para las nuevas situaciones en que se ubica la iglesia; sería caer en una actitud fundamentalista y dogmática. Sería la muerte del Espíritu por la letra. La equivocista su peligro es obvio ya que se atiene al fuero interior de cada quien, invalidando un sentido salvífico-comunitario en medio de cualquier sentido subjetivista-individualista. El sentido analógico parece más equilibrado y puede conectarse con una hermenéutica bíblica y teológica contextual, o sea, nicaragüense. La hermenéutica analógica puede aplicarse tanto a textos metafóricos, simbólicos, así como a textos históricos. Al proceder así no se adultera la naturaleza de cada tipo de texto (un libro de antropología o historia de Nicaragua no sería un texto espiritual, al estilo del Evangelio de Juan) ya que procede por analogía. Esto permite elevar a sentido histórico-salvífico por mediación bíblica un acontecimiento liberador-fundante de la historia de Nicaragua (teoría de los signos del reino de Dios, por ejemplo); o interpretar la relación conflictiva de Luz y tinieblas en el Evangelio de Juan con la relación conflictiva entre proyectos de liberación y dignificación históricas contra los poderes de dominación mundanas actuales.  Así, por una hermenéutica analógica nicaragüense podemos correlacionar fe y cultura, biblia y realidad; es muy cercano al método de correlación de Tillich. 

·         Existe una hermenéutica de dominación y otra liberadora. La dominación en una hermenéutica se basa en los códigos que reproducen la dominación, el embrutecimiento, la enajenación, en las personas. Es el caso de las teologías fuertes que he señalado. La hermenéutica liberadora traslada el proceso de libertad y dignificación a las personas, las hace conscientes de su situación de exclusión y dominación, y las ubica en el centro del trabajo de duelo y de parto, que es la construcción de sí mismos en respectividad comunitaria.  Es la hermenéutica de la teología débil. La hermenéutica de dominación puede aparecer en todo discurso, desde los más fundamentalistas hasta lo que se visten de “progresistas”. No es menos dogmático y dominante que alguien diga “la Revelación de Dios se da en la historia”, que otro que diga “la Revelación de Dios está cerrada en la Sagradas Escrituras”, si ambos pretenden imponer su interpretación al otro, si ambos niegan la experiencia hermenéutica del otro. Este punto no significa caer en el equivocismo sino es un asunto de actitud: la crítica es válida, también es válido que cada cual piense que está en lo correcto, lo que lo vuelve dominante es la actitud dogmática y de dominación. Es un péndulo entre el narcisismo y la inseguridad de la consciencia creyente cerrada.

Ø  Elaboración hermenéutica en Nicaragua.

En Nicaragua se dio una transición entre, lo que llama el Dr. Cortés, una hermenéutica espiritualizante, dualista y con fuerte énfasis en la tradición. Propone que en la década de los 70 se da el punto de partida de una nueva hermenéutica que se articula con mayor concreción con la realidad social y se construye por consiguiente en el devenir de los procesos eclesiales, políticos, económicos, culturales, en medio de los cual la Palabra de Dios irrumpe como acontecimiento[22].

La hermenéutica bíblica en la revolución de cara a la recreación de Nicaragua, con un nuevo lenguaje teológico que surge de las realidades comunitarias y cotidianas que brindaban nuevas luces y sentidos a la Palabra de Dios[23] Esta hermenéutica en tiempos de revolución se origina  en el sufrimiento de Jesús con los pobres de Nicaragua y Centroamericana, por lo que no es posible disociar los sufrimientos de Jesús con él estos pueblos[24]. El evangelio de Solentiname es la expresión más fiel de esta dinámica hermenéutica. En esto consistió la hermenéutica bíblica en Nicaragua que privilegia la lectura popular de la biblia.

Como he señalado la “revolución” fue la clave hermenéutica de la teología nicaragüense en los años 80s. El “hombre nuevo”, conciencia cristiana revolucionaria, una imagen de Jesús como un revolucionario de su tiempo, como el primer hombre nuevo. Revolución era signo y mediación del Reino de Dios en Nicaragua. La confluencia entre cristianismo y revolución (no hay contradicción) era un hecho entre sectores progresistas de la iglesia nicaragüense y el programa sandinista en eso tiempos. Mi postura es que el evangelio en sí mismo es revolucionario, o no lo es; por ello no necesita alianzas políticas partidarias.

¿Cómo entender las clave hermenéuticas de los 80s como “revolución”, “liberación”, cristianismo popular, insurrección evangélica, nuevo hombre-mujer, güegüense, ecumenismo, reconciliación, confluencia (cristianismo-sandinismo; cristianismo-marxismo) en la Nicaragua del siglo XXI? En mi forma de ver las cosas esto es posible, pero sin dejar de ver el presente y futuro por poner la mirada en el pasado.

Se trata de revalorar el pasado desde los instrumentos y desafíos del presente.

Hoy día revolución es equivalente a una subversión ética de la realidad de dominación y opresiva contra la gran mayoría, revolución es ética de liberación en su nivel de practicidad revolucionaria de la comunidad de víctimas (esto es iglesia confesante y profética); liberación es el trabajo de crear conciencia de igualdad, dignidad, derecho, ambiental, intergeneracional a nivel personal, familiar, comunitario, social institucional, guiado por la ética de liberación; cristianismo popular es la inversión de la lógica de las minorías (“voluntad de poder”) por la lógica de las mayorías cristianas desde sus comunidades, esperanzas y proyectos de bien vivir, de comunidad de iguales. Es devolver, no solo el texto literario de la biblia a las manos del pueblo, es devolver la posibilidad de la propia voz, identidad, responsabilidad de cada persona ante Dios y su comunidad.  La insurrección evangélica es propia del principio protestante. Ser evangelio es vivir insurreccionado por amor al Dios de la justicia, es vivir en revolución por una iglesia y sociedad donde quepan todos y todas.

El tema de la confluencia debe de revalorarse. Con el marxismo tenemos una deuda, ya que en Nicaragua no conozco de una teología que honesta y seriamente haya dialogado con el marxismo marxiano. Con el sandinismo tenemos otra deuda, ya que, aunque se compartieron valores, principios e ideales, no se reflexionó seria y críticamente sobre esta relación. El compromiso y mística revolucionario-sandinista de muchos teólogos no les permitió tomar distancia, tan apreciada para un buen pensador. En honor a la verdad he leído en el Servicio Evangélicos de Prensa (SEP/CIEETS) y en la Revista Amanecer (CAV) reflexiones de teólogos que teóricamente se sitúan no en relación de identidad con el sandinismo, sino dialogante y con distancia crítica. Esto puedo decir fue solo teóricamente porque en la práctica las relaciones con el gobierno de los 80 exigía, ante la crisis nacional[25] una postura de adhesión incondicional. Nuestra teología ha sido como la mala política nicaragüense: circuntancialista, coyunturalista, cortoplacista, y a veces  rendida a agendas no evangélicas. 

Hoy en día se está retrabajando a Marx y su pertinencia para los análisis sociales y políticos latinoamericanos. Es un interés marxiano y no de los marxistas posteriores. Las causas de la exclusión, dependencia y colonialismo siguen siendo las mismas porque las relaciones de nuestros pueblos con los centros de poder mundiales siguen la misma lógica imperialista y capitalistas.  Por ello Marx es más urgente que nuca desde una relectura más compleja y critica.

La hermenéutica bíblica y teológica nicaragüense debe reflexionar sobre la correlación entre cultura y teología: teología e historia, poesía y teología, teología y tradiciones identitaria, teología y la novela nicaragüense, teología y cantos nicaragüenses, teología del decir nicaragüense, teología y el campo (campesinado), teología Mayagna, Miskita, Kreol, teología e interculturalidad.

Mientras no estemos claros de la dicotomía que establecemos en hermenéutica del texto con las realidades socio-culturales de nuestro pueblo no podremos desarrollar una comprensión de la revelación en la cultura, y siempre reduciremos la revelación de Dios al texto literario de la biblia. Por ello la hermenéutica bíblica hasta ahora ha consistido en una reconstrucción del texto bíblico de sentido del texto (nivel literario-gramatical), del contexto (sociológico e histórico crítico), pero nos hace falta una hermenéutica más integral que, no solo lea las realidades socio-culturales, sino que lea las identidades, culturas, acontecimientos propios de nuestros pueblos como preñadas de revelación de Dios. Por ejemplo, la cultura moderna antiesclavista iluminó el texto bíblico para que, aunque este no condene definitiva y categóricamente la esclavitud, sea improcedente sostener una hermenéutica bíblica pro esclavista, como en el caso de la maldición de Noé contra Can en Génesis 9.

La hermenéutica teológica tiene tres ejes: biblia,  historia y cultura. La exégesis y hermenéutica bíblica se acerca al texto bíblico en busca de su sentido, estructuralista o histórico; la teológica ve las posibilidades para iluminar la realidad social y eclesial a partir de la sabiduría bíblica. Ahora, desde la hermenéutica de la cultura vemos que el diálogo entre texto bíblico (revelación escrita) y texto de la vida y la creación (revelación histórica) son dos perspectivas de una misma Revelación. La historia de la salvación aún está abierta, aunque orientada y preñada por el acontecimiento/revelación definitiva en Jesucristo resucitado.

Esta relación biblia-historia-cultura, es un nudo de la hermenéutica teológica nicaragüense.

Los pueblos abren los sentidos del texto bíblico, y el texto bíblico abre los sentidos de la memoria de los pueblos. Dependiendo de la cultura, la producción material y espiritual de los pueblos es que esta dialógica dará como resultado teologías liberadoras o alienantes, identitaria o colonizadora.     




[1] Sobre la elaboración de una metodología del quehacer teológico nicaragüense trataré de hacer un rescate de ideas e intuiciones elaboradas en otros contextos y ponerlas en dialogo con nuestra realidad actual. Éste diálogo me permitirá ampliar las intuiciones y propuestas que aparecen en los documentos teológicos nicaragüenses, tratando de darles un tratamiento sistemático. 
[2] Sobre esta categoría en Teología tomo prestadas las notas de Tamayo. J. J. (2009) La teología de la liberación en el nuevo escenario político y religioso. Valencia. Tirant lo Blanch.
[3] Para establecer la diferencia entre los dos modelos del quehacer teológico en Nicaragua tomaré prestadas las categorías de G. Vattimo
[4] Vattimo, G. (2012) Vocación y responsabilidad del filósofo. Barcelona. Herder. Pág. 17
[5] Vattimo, G. (1986) Las aventuras de la diferencia. Barcelona. Ediciones península.
[6] Arellano Luz Beatriz. El aporte de la mujer a la transformación de la sociedad y de la iglesia en Nicaragua. Pág. 146. En: AAVV (1987) Nicaragua Trinchera Teológica
[7] Arellano Luz Beatriz… pág. 148
[8] Arellano Luz Beatriz… pág. 147
[9] Libanio, J. B (2000)  Introducción a la teología. DABAR. pág. 30
[10] En un libro de  Rebecca Hind Las 1000 Caras de Dios (2004), una verdadera Galería de arte religioso, se presentan las múltiples imágenes de las divinidades en diferentes tiempos y culturas.
[11] Romer nos introduce a las imágenes crueles, patriarcales y violentas del Antiguo testamento, dándonos pistas hermenéuticas con auxilio de la crítica de la redacción y la arqueología. Romer, T (2000) Un Dios enigmático. Managua. FEET. Cf: Romer, T. (2018) Monoteísmo y poder: La Construcción de dios en la biblia hebrea.
[12] Gonzáles de Cardedal, O. (2004) Dios. Salamanca. Sígueme. Pág. 31
[13] Gonzáles de Cardedal, O. (2004), pág. 33-39
[14] Barth, K (2006) Introducción…, pág. 58
[15] Para ampliar sobre la historia del quehacer teológico, que muestra tanto sus momentos más orgánicos como los más especulativos consultar: Delpero, C (1998) Génesis y evolución del método teológico. México DF. PUM.
[16] Barth fue muy consciente de la distancia entre la fe de la comunidad y el  problema de su expresión. ¿Cómo expresar correctamente con palabras certeras la fe que funda la nueva vida en Cristo? Puede haber muchos errores de expresión que encubren, u opacan el contenido liberador de la Palabra de fe, ya sea por una teología fundamentalista, intimista o ahistórica; ya sea por una desvirtuación por la religiosidad popular. Barth lo expresa de la siguiente manera: La distancia que existe entre la fe de la comunidad y su lenguaje pone de manifiesto un problema.  Barth, K (2006) Introducción…, pág. 58
[17] Richard, P. “La producción teológica”. Pág. 221. En: Giradi. G. (1989) Pueblo revolucionario, Pueblo de Dios. Managua. CAV
[18] Richard, P. (1988) La fuerza espiritual de la iglesia de los pobres. San José. DEI. PÁG. 59
[19] Metz, J. B (1982) Más allá de la Religión Burguesa. Salamanca. Sígueme.
[20] López. V. M. Los nuevos problemas de fe de un pueblo revolucionario, liberado y agredido. Pág. 155. En: AAVV (1987) Nicaragua Trinchera Teológica
[21] Dussel, E. (1988) Teología por el pueblo. Revista AMANECER (ENERO-FEREBRO, 1988. No. 54) pág. 25
[22] Cortés, B. Las Iglesia Evangélicas. Pág. 136-137. Giradi. G. (1989) Pueblo revolucionario, Pueblo de Dios. Managua. CAV.
[23] Cortés, B. Las Iglesia Evangélicas, pág. 139
[24] Cortés, B. Las Iglesia Evangélicas, pág. 138
[25] Como testimonio de esta coyuntura cito un número de la revista AANECER: Como se ve, cada acto que ha realizado Nicaragua por la paz ha sido sistemáticamente frustrado. Es en ese contexto tan poco alentador que el gobierno ha decidido recurrir al Estado de Emergencia para frustrar cualquier articulación de un frente interno, y para impedir que los contra… puedan estrechar lazos orgánicos con quienes dentro el país se han mostrado partidarios del regreso al pasado. Revista AMANECER. ”Estado de emergencia en Nicaragua”, pág. 6. (Amanecer, 38-39/ Diciembre 1985.)

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