VÍDEO: CONCEPTOS FUNDAMENTALES EN TEOLOGÍA NICARAGÜENSE.
Trata de hacer una hermenéutica de algunas categorías teológicas clásicas desde una búsqueda teológica propiamente nicaragüense. Reflexiones e ideas para discutir, ampliar y profundizar.
CURSO PENSAMIENTO TEOLÓGICO
NICARAGÜENSE
Carrera:
Licenciatura en Teología. Nivel: 5to año, avanzado.
Horario:
08:00-10:15AM. Profesor: Msc. Miguel España.
Modalidad:
Virtual. Director FEET: Dr. Harold López R.
LECTURA # 1: CONCEPTOS FUNDAMENTALES DE TEOLOGÍA DESDE LA BÚ´BÚSQUEDA DE UNA TEOLOGÍA NICARAGÜENSE.
La historia de la iglesia en Nicaragua tiene el mismo tiempo que el de
la conquista y colonia española. Pero las primeras teologías en Nicaragua son
anteriores a estos fenómenos históricos europeos ya que existía una concepción
político-religiosa que sustentaba la vida de las comunidades indígenas antes de
la llegada de los europeos.
En toda esta historia cristiana occidental en Nicaragua nos ha costado
casi 500 años encontrar nuestra propia palabra en el área de la teología. Esto
es así ya que el poder de la teología católica era la que determinaba la verdad
para todo saber; y legitimaba todo poder. Por ello en la poesía, cuentos,
novelas, historia, derecho, medicina, filosofía (en las artes y ciencia) se
podía avanzar en dialogo con España, pero en teología (scientia sacra) solo
quedaba repetir la recta doctrina.
La propia palabra teológica en Nicaragua no aparece como generación
espontánea, independiente de todo proceso social. La palabra teológica nicaragüense, esa
reflexión sobre la identidad y retos de nuestra patria en el marco regional
desde la fe, es producto del desarrollo histórico de nuestro país y región. No
hubiera sido posible sin todos los acontecimientos que nos han configurado como
pueblo-nación, en el ámbito territorial e internacional. La lucha de
independencia, Zelaya y la apertura a las misiones protestantes, el proceso
sandinista, e.o., en relación con los procesos regionales como el liberalismo,
Indoamericanismo, el Marxismo, los movimientos sociales, estudiantiles y
guerrilleros. Estos fenómenos socio-políticos se conjugaron con otros fenómenos
religiosos como el Concilio Vaticano II y su “Aggiornamento”, Medellín II y
Puebla, los CELAs, ISAL, UENELAM, los
encuentros de Oaxtepec, El Talbo, el pentecostalismo, e.o.
La densidad histórica y espiritual que hemos vivido y forma parte de
nuestra sabia nacional, es la misma sabía que nos permite ver en los
acontecimientos vividos el paso del Espíritu del Señor de la Historia entre
nosotros. Dios de la historia es el mejor alquimista: torna la materia de
nuestra historia en conciencia. Conciencia de ser imagen de Dios, conciencia de
dignidad, conciencia de derechos e interrelaciones armoniosas, conciencia
espiritual.
Por ello la Palabra teológica nicaragüense, que nace de un largo y
doloroso proceso histórico tiene un principio material y un principio
trascendental. El principio material es
la construcción histórica de la propia identidad cultural vista desde la fe,
una fe encarnada; el principio trascendental es la fe en la Palabra de Dios.
Cada principio contiene al otro en sus entrañas.
El primero descubre “signos del reino de Dios” en la historia, es
solidario con prácticas humanizantes, se compromete desde la fe en proyectos
que reflejen la justicia, el amor, la reconciliación, la paz. Es un principio
encarnacional: se hace concreto en praxis de amor y liberación desde los más
pequeños, pobres, excluidos. El segundo es norma, medida y criterio que guía al
principio material. ¿Dónde hay signos del reino de Dios?, ¿qué proyectos son
humanizantes? Todo esto es juzgado desde la Palabra de Dios. Además de ser
principio crítico a todo sistema, político o religioso, que tenga pretensiones
de absoluto, o que sea deshumanizante, idolátrico. Es crítico y auto-critico,
somete todo a la obediencia de la palabra de Dios.
En Nicaragua hemos tratado, en oración, de articular nuestra palabra
teológica. Con cierta imprecisión diría que la iniciamos en los años 60s,
cuando la conciencia nacional de las juventudes cristianas estaba siendo
llevada al desierto por el Espíritu del tiempo, y los procesos revolucionarios
de entonces.
Para introducirnos de manera general a los antecedentes, temas, métodos
y representantes de una primera Introducción a la Teología Nicaragüense,
debemos de partir de algunas definiciones que nos irán abriendo el camino.
Es necesario iniciar con una diferenciación
fundamental al iniciar el estudio del pensamiento teológico nicaragüense: es
teología en Nicaragua o teología nicaragüense?
Creo que las dos
refieren a cosas diferentes. La teología en Nicaragua puede ser toda teología
que se reproduzca en nuestro país sin tener en consideración la identidad y
cultura nicaragüense. Existen teologías importadas e impuestas desde centros
misioneros de poder cómo las referidas por Rubén Pack en el SEP y que están
"en Nicaragua": conservadoras, fundamentalistas, liberales, etc.
Pero también se
encuentran teologías liberales, progresistas y de liberación vinculadas a academias
y compromisos de OBF, insituaciones de educación teológicas y un mínimo de
iglesias. Dentro de ese menú de corrientes se ubica la búsqueda de una voz, de
una identidad y dignidad teológica nicaragüense. La TEN se diferencia de las
anteriormente mencionadas en qué parte su reflexión de la identidad, cultura,
experiencia de Dios, desafíos y anhelos propios del pueblo nicaragüense, abierta
y en continuidad con la comunidad latinoamericana y caribeña.
EVANGELICO
En Nicaragua ha habido debates sobre la identidad de la iglesia
evangélica dentro del liderazgo eclesial. Para un sector la iglesia evangélica
es protestante, ubicando directamente su identidad con el movimiento y espíritu
profético y teológico de la Reforma del siglo XVI y su posterior desarrollo.
Otro sector se define como Evangélicos, en relación a las misiones evangélicas
de estados unidos y una doctrina más conservadora. Para Pixley el nombre
Protestante se usa en relación tanto a la polémica con el catolicismo como en
relación a la opción ecuménica, y evangélico en relación a la predicación del
Evangelio.[1]
Para ésta investigación lo “evangélico” se discierne más en relación a
la identidad de la Teología Nicaragüense más que a una confesión doctrinal
particular. Aunque al definir esta identidad teológica podremos reflexionar
sobre la identidad confesional evangélica y su necesidad de “actualización”.
Esta discusión no es espuria sino que es fundamental ya que de éstas se
desprenden doctrinas, teologías y modelos eclesiales destinos
Para los primeros, aun reconociendo el origen de las iglesias
evangélicas en las misiones de estados unidos, recuerdan que estas mismas son
herederas de las comunidades puritanas y pietistas, ambas tendencias dentro del
movimiento de Reforma del siglo XVI y XVII. Y aunque estas surgen como toma de
distancia de las iglesias Protestantes Institucionalizadas y nacionales, no se
puede negar que los fundamentos teológicos de la Reforma son los mismos, con
matices para cada tradición. Para los segundos, ser evangélicos es provenir no
de la Reforma Clásica de Lutero, Calvino o Zwinglio, sino de Menon Simon, los
hermanos Wesley, toda la herencia evangelical del avivamiento Inglés y
Norteamericano de los siglos XVIII y XIX.
Pienso que debemos respetar las diferencias históricas que han
configurado las identidades protestantes y evangélicas. Pero debemos llegar a
un acuerdo en un punto fundamental: ser protestante es ser evangélico y ser
evangélico es ser protestante. Ser protestante ya no se refiere más a la
protesta de los príncipes alemanes, sino más bien a una actitud de entrega
total a la verdad del Evangelio de Jesucristo, es una actitud de crítica desde
el Evangelio a los poderes idolátricos de este mundo; ser evangélico no es
confesar una doctrina sino vivir una vida embargada por el Evangelio.
Evangélico es estar en el evangelio; es el creyente y el evangelio es una
realidad definitiva: ser evangélico.
Por ello evangélico puede ser un católico, así como protestante; todo
depende de vivir en el evangelio como fundamento de la nueva existencia en
Cristo. Obviamente no hay otra manera de ser católico. Por otro lado, tanto
evangélico como católico que sus vidas no sean un evangelio (estar en Cristo) seguirán
siendo confesional y formalmente lo que son, pero no existencialmente. Ser evangélico, católico o evangélico, no
depende de la fuerza moral o intelectual sino sólo de la Gracia dispensada en
el Evangelio por la fe en Cristo Jesús, como nos ilumina Tillich. Eso es
Justificación por la sola fe. Los obras vendrán después, y entre más sublimes y
honrosas, más humildad y honra al Espíritu Santo.
Por ello en este escrito “evangélica” tiene dos connotaciones: la
primera referente a la tradición confesional, y la segunda la dimensión
existencial de la vida embargada por el evangelio.
Una teología evangélica.
En principio una teología evangélica es aquella que trata de percibir,
entender y expresar al Dios del Evangelio, es decir, al Dios que se
manifiesta en el Evangelio, que habla a los hombres acerca de sí mismo y que
actúa entre ellos y en ellos por el camino que Él mismo ha designado…
Dondequiera que Dios sea el objeto de la ciencia humana, y como tal sea el
origen y la norma de ese saber, allí habrá teología evangélica.[2]
Por ello para Barth, máximo exponente de la teología de la Palabra, nos
enseña que,
Ésta teología no refiere
en primer lugar a una doctrina o iglesia particular. Con el término
«evangélico» se designará aquí objetivamente la continuidad y unidad «católica»
y ecuménica (por no decir «conciliar ») de toda la teología.[3]
Para los teólogos
evangélicos nicaragüenses este concepto de teología evangélica no resultaría satisfactorio,
ya que se esperaría resaltar lo distintivo confesional, ya sea Cuadrangular,
del Nombre de Jesús, los Principios Bautistas, o referente a los principios
protestantes, e.o. Esto es confundir la teología del Evangelio, con las
tradiciones y doctrinas confesionales particulares.
Estoy de acuerdo con
el concepto de Barth ya que el Evangelio es más que las confesiones evangélicas
y protestantes, es más que las doctrinas particulares; sino que es la
Revelación definitiva de Dios en Jesucristo para salvación del mundo. Pero
tampoco es solamente la Biblia como Palabra de Dios, que ella da testimonio de
Jesucristo en el primer y segundo testamento[4],
sino que en la unidad y continuidad de la teología evangélica. Entonces,
teología evangélica es aquella que, teniendo como fundamento la Biblia, se
extiende/desarrolla en toda la historia del pensamiento cristiano como
“desenvolvimiento”, “ampliación”, “profundización” de las verdades sintéticas
dadas en las Escrituras. Verdades sintéticas en el sentido de que las
Escrituras mismas son síntesis de tradición/testimonio del acontecimiento
Jesucristo puesto en tradición escrita; y esa misma tradición escrita ahora es
síntesis en espera de su plena revelación, desarrollo, desenvolvimiento. Esta
dinámica no daría como resultado una biblia diferente cada cierto tiempo, sino
que después del canon de las Escrituras Sagradas ella misma debe desenvolverse,
y ése desenvolvimiento inaugura y apunta al cumplimiento pleno de las misma
Escrituras en la Reconciliación de todas las cosas en Dios por medio de
Jesucristo.
Aunque el concepto de teología evangélica es histórica y bíblica, ésta
se encarna y se hace identidad evangélica en diferentes confesiones
particulares. Por ello los que nos sentimos herederos de los movimientos de
Reforma protestante llamamos teología evangélica a aquella que, teniendo como
fundamento la Sola Escritura, rescatamos los principios teológicos protestantes
o evangélicos: la sola fe, la sola Escritura, la sola Gracias, Solo Cristo,
solo a Dios la Gloria; además la libertad de consciencia, separación iglesia
estado, sacerdocio universal de los y las creyentes y la iglesia reformada
siempre reformándose. En todo esto existe también un principio protestante
dilucidado por Tillich:
El principio protestante
"contiene las protestas divinas y humanas contra cualquier exigencia
absoluta referente a una realidad relativa, y se opone a la misma cuando la
efectúa una iglesia protestante. El principio protestante es juez de toda
realidad religiosa o cultural, incluyendo la religión y la cultura que se
denomina a si misma protestante... Es el guardián atento a los esfuerzos de lo
finito y lo condicionado por usurpar el lugar de lo incondicional en el
pensamiento y en la acción. Es el juicio profético pronunciado contra el
orgullo religioso, la arrogancia eclesiástica y la autosuficiencia secular con
sus consecuencias destructivas.[5]
Estos principios protestantes o evangélicos son el fundamento de toda
teología evangélica, protestante o no. Pero son los que identifican con
particularidad la esencia, identidad y aspiraciones de las iglesias
evangélicas, confesionalmente hablando.
Algunos de estos principios son centrales en la predicación y doctrinas
evangélicas en Nicaragua. La sola Escritura, Sola Fe, Sola Gracia, Solo Cristo
y solo a Dios la gloria son hasta hoy fundamento de la fe, pero matizados por
un entendimiento moralizante y espiritualizante-dualista (apoliticismo,
acultural, anticorporal) propio de su
herencia evangelical fundamentalista de las misiones de estados unidos.
En lo concerniente al principio de la libertad de conciencia,
fundamento del libre examen de las Escrituras, más típico de las iglesias
congregacionales bautistas, es ambigua su aplicación. Siempre se ha motivado a
leer las Escrituras y a corroborar lo que dice el predicador o maestro de
Escuela Dominical con lo que dice las Escrituras, pero al final no hay
posibilidad de debate, de análisis, dialogo; se impone la doctrina, la palabra del pastor como infalible. Solo
cuando los errores son demasiados evidentes se puede corregir, y esto solo a
veces. La libertad personal y de conciencia es coartada en nombre de una
homogenización colectiva e ideológica. Somos libres en Cristo para ser esclavos
de una lógica religiosa. Pero poco a poco, y esto por presión de las redes
sociales y la construcción de una sociedad del conocimiento, las personas se
liberan de la esclavitud religiosa para parar en posiciones contraeclesiales,
agnósticas y secularistas, y en el mejor de los casos en un cristianismo a la
medida de los gustos particulares.
El principio del sacerdocio universal de los y las creyentes
cada vez es más claro. Muchas iglesias evangélicas rechazan este principio, no
por ello dejan de ser evangélicas, pero de alguna manera niegan un elemento
fundamental del evangelio: la igualdad ante Dios como hijos e hijas sin
importar raza, género, edad (1 Pedro 2: 9; Gálatas 3: 28) Aún hay iglesias que
sostiene que el pastoreado o sacerdocio es solo para hombres. Por otro lado
está la discusión de cuál es la edad adecuada para que los y las niñas puedan
participar de la Santa Cena y ser bautizados. La vieja respuesta de “hasta que
tengan conciencia de pecado”, o “hasta que entiendan la importancia y
responsabilidad de tales actos” (la conciencia no es un absoluto, y la
conciencia de realidad puede ser muy engañosa, Freud no mostró tales cosas)
deben ser repensadas ante la teología de la sola Gracia. ¿A qué edad se es
capaz de creer?
El principio de la
separación iglesia-estado es igual de ambiguo.[6]
Por un lado esto se mal entiende como principio de apoliticidad, traicionando
la naturaleza profética de la iglesia y su principio protestante. Claramente la
iglesia es apartidaria, y no es política beligerante-militante, sino profética.
Basta con recordar el principio protestante de Tillich y todo el ministerio de
Jesús. Por otro lado se confunde la naturaleza legitima de la relación entre
evangelio y política, cuando se mantienen relaciones prebendarías, oportunistas
y entreguistas de líderes evangélicos con los gobiernos o partidos políticos.
La relación legítima de la iglesia con la política (a nivel de gobiernos, no
partidaria) es como sierva, o sea, como aquella que busca servir a las
comunidades más necesitadas a través de los medios institucionales, con honor y
honestidad evangélica, sin comprometer su voz profética. La iglesia es esclava
de Cristo y libre para con el mundo, sino no es iglesia.
Es obvio que el principio menos tomado en cuenta es el de Iglesia
reformada siempre Reformándose. Miedo y poder se juntan en una posible
explicación. Miedo a que en medio de las mareas de este mundo se pierda la
esencia del evangelio en nombre de reformas. Reformar la iglesia no es modas
modernistas, si por modernistas entendemos modas pasajeras o antievangélicas.
Reformar la iglesia es volver la iglesia al Evangelio, un Evangelio pertinente
y bíblicamente coherente. El problema es que hemos confundido biblia con
doctrina (modelo confesional), y mientras repitamos la misma doctrina, entonces
seremos fieles al evangelio. Semejante falacia es propia de una equivocación
fundamental: el evangelio no es la doctrina. Y poder, ya que se temen perder
privilegios, y por ello se teme ser honesto y coherente con el evangelio. Solo
mentes perezosas e irresponsables no se hacen cuestión de estas cosas: han
“domesticado” al Espíritu Santo.
La teología evangélica nicaragüense se plantea estas cosas para evaluar
hasta dónde es evangélica realmente.
Entonces evangélica es: 1. toda teología vinculada orgánicamente con
las venas profundas del evangelio-kerygma de Dios, y 2. Aquella teología, que
en unidad y continuidad con el Evangelio, reencuentra su vena y fuente en los
principio protestantes.
¿Qué es lo propiamente evangélico de la iglesia nicaragüense, y que es
lo propiamente nicaragüense en la iglesia evangélica?
Lo propiamente evangélico (identidad confesional) se lo da el principio
formal Sola Escritura, Solo Cristo, la sed de evangelización y una moral
rigurosa. Existe un cultura evangélica que se expresa en sus normas de
comportamiento rigurosas y en franca distancia con el mundo, entendido como
valores culturales, fiestas, tradiciones.
Desde el punto de vista antropológico la iglesia evangélica es
ambiguamente acultural con la sociedad circundante, ya que quien se hace evangélico
esta constreñido a participar con el mundo en bailes folclóricos, fiestas
tradicionales, danzas, enramadas, viajes a la playas, fiestas comunitarias
donde se fortalecen los lazos de identidad comunitaria. Como plantea Jerje
Ruiz,
Nos desvinculamos de
nuestro folklor; nos desvinculamos de nuestra cultura. Sucede que nuestro
folklor está muy ligado a la religiosidad popular católica… todo lo que es
católico es visto como pecaminoso, como
pagano. No supimos diferenciar entre todas aquellas expresiones culturales y el aspecto religioso que les acompañaba[7].
Posee una existencia ambigua: pertenece a la Nicaragua política y
jurídicamente constituida, pero no pertenece a la Nicaragua culturalmente
vinculante. “Vosotros no sois de este mundo”.
Esta distancia lo da un fundamento apologético: la cultura nicaragüense
es pagana (para algunos esto significa católica) y por lo tanto se debe tomar
distancia.
Para saber qué es lo propiamente nicaragüense en las iglesias
evangélicas nicaragüenses debemos primer discernir qué es lo propiamente
nicaragüense en general. Lo propiamente nicaragüense lo dan muchos elementos
culturales, del lenguaje, de la gastronomía, bailes, códigos sociales,
festividades, símbolos nacionales y comunitarios, e.o.; todo esto crea la identidad
nicaragüense. Por ello lo propiamente nicaragüense va depender de la región
nicaragüense donde se establecen las comunidades. Pero si debiéramos nombrar
una sola cosa que engloba todo esto y es símbolo de lo propiamente nicaragüense
diría que es lo güegüense.
Pero debemos tener cuidado con este término, que puede decir más de lo
que dice, y menos de lo que debería decir.
Pablo Antonio Cuadra dibuja la identidad del nicaragüense como un tipo
guatusero, jodedor, vulgar, y al mismo tiempo viajero, de fácil palabra,
hospitalario y respetuoso de lo sagrado. Para José Coronel Urtecho el
nicaragüense tiene una vocación universalista, no sólo desde su historia sino
que es un distintivo del carácter nicaragüense, de su cultura y de su espíritu.
Comenta Urtecho que lo que ha hecho falta es que esta universalidad “impregne
el pensamiento nicaragüense” y contribuya a la formación de la conciencia
histórica del país.”[8] Y Rubén Darío es el paradigma de nuestra
universalidad.[9]
Para Aldo Diaz Lacayo el inconsciente étnico nicaragüense se ha forjado
a través de su historia[10],
presentado en la siguiente síntesis,
Abierto hacia el
mundo americano precolombino, guerrero en defensa de su territorio, huyendo de
la esclavitud y empeñado en la defensa de su libertad inclusive con las armas,
respetuoso de sus héroes y mártires, con paradigmas humanos en igualdad entre
hombre y mujer, profundamente humano y sin temores al más allá, en actitud
filosófico-religiosa frente a la vida, arriesgado, temerario, solidario, orientado
a la organización social, jocoso, irreverente, cuasi irresponsable, fraccionado
en dos mitades confrontadas. [11]
Por otro lado Bolaños Davis (23018) plantea la fractura en el corazón
del nicaragüense, entre la sorna güegüense y el güegüense sabio. El equilibrio
enantiodrómico está roto, y la balanza recae sobre la “sorna” güegüense como
arquetipo del ser nicaragüense. Eso nos
mantiene confrontados y nos arrebata la posibilidad de superar la violencia y
el subdesarrollo.
Pero existe la posibilidad de que el polo “sorna” ceda al polo “sabio”
con tal de que tomemos las decisiones correctas como nicaragüenses. Tenemos en
nuestro ser güegüense ese polo de sabiduría muy poco descubierto en nuestro
haber cultural y político. Esto significa, entre muchas otras cosas, que la
cultura nicaragüense esta desequilibrada y en ruptura por múltiples causas, sin
una síntesis que nos permita hacer uso de todos nuestros recursos culturales
creativos.
Lo dicho está en consonancia con la tesis del Dr. Serrano que plantea
la existencia de una ruptura en la identidad del nicaragüense, que aún no
logramos una síntesis histórica y cultural que nos haga trascender los círculos
viciosos de la violencia, pobreza y dependencia.
Por ello podemos decir que nuestra nicaraguanidad consiste en una idea,
un sentimiento, una autoconcepción y hasta un cierto “rechazo” de lo que somos
como individuos y pueblo enmarcado en una historicidad y existencia marcada por
la esperanza y la postergación. Nuestra historia, nuestras tradiciones, literatura,
reflejan están tensa identidad: esperanza de libertad, vida digna, paz,
justicia; y la postergación de nuestras utopías, anhelos, Esperanzas.
Por lo tanto “la nicaragüanidad” como “lo propiamente güegüense” es aún un proyecto en construcción (deber de
los nicaragüenses es construirse en cada época), pero que tiene como materia
prima la historia, vivencias,
tradiciones, sufrimientos y esperanzas que conforman nuestro emocionar
identitario. La nicaragüanidad/güegüense es lo folclórico y sus tradiciones,
pero es más que eso: es proyecto, esperanza, universalidad, resistencia,
libertad, es plenitud de vida reproducida a nivel familiar, comunitario,
social, institucional.
Por lo tanto “lo nicaragüense” para una teología nicaragüense debe
tener en consideración esa materia prima que nos configura, nuestro polo
“sorna” y nuestro polo “sabio”. C. Jung, L. Boff, entre otros, nos enseña que las personas, y si es así
también las sociedades, son tanto animus como anima; sapiens
y demens, así como ángel y demonio. Estos símbolos
representan las infinitas posibilidades inherentes a la condición humana, tanto
para la autodestrucción como para la vida creativa y de sentido. La teología
nicaragüense puede coadyuvar a la síntesis cultural a través de su función
crítica desmixtificadora y desmitologizadora de las representaciones
religiosas, así también a través de su visión liberadora y de justicia, desde
la óptica del reino de Dios y la encarnación de su Justicia entre nosotros. Es
universalizar nuestra identidad, es equilibrar nuestro güegüense, es realizar
la síntesis de nuestro yo fracturado. Una fe y evangelio que se encarne en
nuestra cultura y los sueños de una Nicaragua mejor.
De esa manera podremos, como iglesia, contribuir a construir una
identidad nicaragüense que vincula los máximos valores evangélicos con lo
máximo de los valores nicaragüenses. En esto estriba la Elección de Nicaragua
como pueblo de Dios: su misión universal, de apertura latinoamericana, como
signo del Dios viviente.
Hecha estas breves reflexiones sobre la relación entre eclesialidad y
cultura, podemos precisar la “nicaraguanidad” de la teología nicaragüense, y la
teologicidad de nuestra nicaraguanidad.
La teologicidad de nuestra nicaraguanidad (historia, cultura,
identidad, experiencias, en el marco de nuestra existencia e historicidad
situada) consiste en interpretar, comprender, ser interpelados por la Palabra
de Dios, la Revelación de Dios, desde dentro de nuestras propias
contradicciones, falibilidades, esperanzas y postergaciones. Dios puede
revelarse no solo en los signos y Kairós positivos, sino en la negatividad de
la historia, como nos enseñan los profetas del Primer Testamento.
Por lo tanto la nicaraguanidad de nuestra teología es la marca, el
contexto, la identidad que le imprime nuestra historicidad, contradicciones,
experiencias, carácter nica, a nuestra producción teológica.
TEOLOGIA
Por ello la teología no debe renunciar a lo concreto, aunque tenga una
vocación universal. La teología debe tener rostros: indígena, de mujer, de
niñez, pueblos del sur, campesina, negra, e.o. Una teología ahistórica,
metafísica, no cuenta el drama humano en búsqueda de Dios, sino el drama lógico
de mentes desencarnadas. Por ello debemos realizar unos apuntes sobre la
categoría “teología” que nos ayude a ubicarla en las coordenadas
histórico-salvíficas nicaragüense y regional.
Teología[12]
tradicionalmente se define como ciencia que estudia a Dios o la idea sobre
éste. Tratado sobre Dios, ya que la teología tiene como objeto de reflexión a
Dios mismo. Estas ideas son los primeros acercamientos para introducirnos al
estudio de la teología, pero no bastan.
Evidentemente, puede
parecer muy sencillo decir que la teología busca la inteligencia de la fe 'fides
quaerens intellectum" (la fe que busca inteligencia), en la expresión
de San Anselmo. Pero los dos términos –Fe e inteligencia- son polisémicas por
lo que debemos tratar de dar claridad a estos.
Inteligencia no solo
es ratio, ni logos, sino también pasiens.
Zubiri nos introdujo a la idea de la inteligencia sentiente y Maturana al
concepto de emocionar matrístico. Ambas ideas nos introducen a la comprensión
integral de los procesos de construcción del conocimiento humano,- de la construcción del hombre y de su
sociedad.
Como herencia del
cartesianismo se dicotomizó el órgano de la razón y se redujo a la sola ratio,
la cogito, la posibilidad de todo
conocimiento verdadero ahora está a cargo un yo trascendente (rex cogitans) a
la experiencia y al cuerpo (rex extensa).
La emoción, junto con
lo simbólico y religioso, pasó a ser ilusión, o un obstáculo para la recta
razón.[13]
Ahora, la recta razón
es propio de los países centros de producción del conocimiento y
colonizadores-civilizadores. La emoción y lo salvaje es propio de américa y
áfrica[14].
En esta división se
construyó una imagen o idea de Latinoamérica como espacio “salvaje”, “natural”
no racional donde prevalecen las emociones, ya que estos pueblos están
vinculados a la naturaleza tropical y el clima caluroso, medios por los cuales
esta gente es pasional no racional.
Naturaleza-emoción-arracional
define a Nicaragua, como parte del sur subdesarrollado, y civilizado-racional
son los países del norte global. Esta división, que es una construcción
ideológico, deslegitimó y quitó valor a los procesos epistémicos, culturales de
nuestra región y del Sur Global.
Con la filosofía de la
liberación latinoamericana, con la novela histórica latinoamericana, la teoría
socioeconómica de la dependencia Latinoamérica y el giro decolonial fue
redescubriendo la autenticidad y legitimidad de su narrativa, de su hablar, su
historia, su pensar.
Estamos recuperando
nuestra razón autentica, tratando de construir nuestra visión de mundo; todo
esto en dialogo abierto y crítico con otros saberes y culturas.
Ubicados en esta breve
referencia histórica, podemos avanzar en decir que una forma de conocimiento e
inteligencia nicaragüense es la emoción. Para conocer y desarrollar
inteligencia sobre el mundo que nos rodea las personas debemos “sentir el
mundo” [15] (Zubiri). Zubiri
tenía toda la razón ya que hoy día la neurociencia así lo decreta. Por ejemplo
el paradigmático libro de Antonio Damasio, El Error de descartes[16],
plantea la relación entre las fallas en las áreas cerebrales encargadas de
procesar las emociones con el deterioro de una visión del mundo coherente y la
primacía de la emoción sobre la razón[17].
Por lo que el
“intellectum” de la “fidei” no solo es racional (episteme) sino emocional,
simbólico, pasional. Por ello podemos hacer teología a través de la poesía y el
canto[18],
el medio más eficaz y bello que tenemos los nicaragüenses, para expresar lo
sublime, lo bajo, el dolor, la esperanza. Pero también el cuento, la pintura,
el teatro, la novela…
Ahora, la categoría
fe, es más que una categoría de análisis, remite a una experiencia fundamental
y fundante de la identidad nicaragüense. Pero es necesario aclarar algunas
cosas ya que esta categoría, así como muchas, son tomadas simple y llanamente
por su sentido común lo que las hace fácilmente mal entendidas.
Fe es anterior a toda
teología, dogma. Ciertamente que la teología debe estar en coherencia profunda
con la fe para que la teología tenga validez y legitimidad. Una teología lo
será si es concebida desde el círculo teológico, desde la fe, desde una
existencia embargada totalmente por el evangelio (Tillich)
La fe no se enseña en
escuela dominical o catecismos. La doctrina, las normas, manuales eclesiales
que expresan la identidad confesional de cada organización cristiana sí se
enseña. Se enseña a ser evangélico, católico, pentecostal, pero la fe no se
enseña. La fe es un don de Dios, que nos habilita para entrar a la nueva
existencia en Cristo. En línea de Rahner el ser humano cuenta con una estructura
antropológica a priori que nos capacita para ser oyentes de la Palabra que nos
interpela. El problema es que el pecado desmonta esta capacidad, intuición,
sensibilidad. El don de la fe restablece y habilita la eficacia de esa
estructura a priori que nos permite ser oyentes de la Palabra: porque la fe es
por el oír, y el oír por la Palabra de Dios (Rom. 17: 10; 10.14).
Pero este “oír
originario”, que es restablecido y rehabilitado por la fe, es la facultad
bio-psico-cognitiva-espiritual fundamental que nos permite escuchar los sonidos
del silencio de toda palabra, que nos remite a sentidos originarios, profundos.
Es el “oír” la palabra de Dios, o sea, es “oír” la voz de Dios desde el corazón
de la materia, de los procesos históricos, clamando por su realización. No es
el oír de una teología, una doctrina, ideología, método de superación personal.
En Nicaragua nos han
instruido que la fe nos la enseñaron los predicadores en la colonia, en el caso
católico, y en el caso evangélico que nuestra fe nos la enseñaron las misiones
estadounidenses. La confusión aquí es evidente.
Este fue un proceso de
ideologización en nombre de la
pacificación y evangelización. Los valores y cosmovisión de la cultura de los
misioneros pasaron a través de la evangelización como valores evangélicos, lo
que provocó la negación de los valores y cosmovisión autóctona, indígena.
La fe es un don de Dios, comporta un elemento
trascendente, pero solo es posible darse en un momento dado del proceso
histórico-material en que se inserta la vida de los y las individuos. La fe es
una fuerza trascendente encarnada en lo inmanente. Es tanto un don de Dios como
una decisión existencial radical de la persona. Esta experiencia puede ocurrir
en una circunstancia límite o puede ser un proceso de convencimiento profundo.
Como le ocurrió a San Agustín.
Por lo dicho podemos
comprender que la fe es el fondo de la vida creyente, pero ésta adquiere una
forma confesional y cultural concreta, sin negar ni mixtificar el sentido
transformador del evangelio.
Por ello es que,
aunque alguien pertenezca a una misma identidad cristiana no deja de sorprender
las diferencias de acentos, comprensiones y prácticas de otros hermanos en
otras culturas. Entre más acentuadas sean las diferencias entre culturas, más
nos sorprenderá esto. La doctrina da una identidad ideológica, pero no anula la
fuerza de la socialización en cada sociedad. Así que la fe la compararemos a
una copa: la copa es la cultura donde se vierte la fe, y esta (la fe) adquiere
la forma de la cultura, no sin incidir en ella.
Por lo que la teología
se produce dentro de una matriz cultural y un tiempo socio-histórico concreto.
Cada teología responde a estas realidades.
Por lo que aunque la
teología tenga una pretensión de verdad universal en el cristianismo, solo
adquirirá vigencia, concretes y eficacia si encarna los retos propios de cada
pueblo.
Entonces teología es
“fidei” encarnada, comprometida con el destino de los pueblos, es una praxis
(fe sin obra es muerta) No puede existir fe en abstracto, sino la fe de cada
persona en comunidad comprometida concreta y existencialmente con su mundo.
La teología
nicaragüense es “Fides quarens intellectum”: en tanto que intellectum como modo salvífico de saber particular del
nicaragüense, y fidei como la forma cultural de encarnarse la fe en nuestro
pueblo. Esto significa que es posible no solo la analogía fidei, sino también
la analogía entis, ambas posibles tanto por la estructura creatural nacida de
nuevo por la fe en Cristo que puede ver tal analogía fide; sino por la
estructura antropológica a priori que nos posibilita ser oyentes de la Palabra,
aun encubierta e inhabilitada por el pecado.
Llegado aquí podemos
entonces decir que es legítimo hablar de Teología nicaragüense sin parecer
reduccionistas, chovinista.
Teología
universal/revelación y particular/concreta.
La teología cristiana
parte del concepto de Revelación definitiva de Dios en Jesucristo. Esta
Revelación por tener carácter definitivo tiene una pretensión de verdad
universal. Esta verdad universal es histórica y salvífica. Es la verdad identificada con la Palabra de
Dios.[19]
El carácter definitivo
y universal de la Revelación Cristiana es lo que nos llama la atención para
hablar, no de teologías particulares (teología ortodoxa, protestante, católica,
Alemana, Estadounidense, francesa, nicaragüense…), sino de la teología como
reflexión sobre la única revelación definitiva de Dios en Jesucristo. El
problema está en confundir Revelación con teología. Este es un lastre que
cargamos por la idea dogmática de teología. Tradicionalmente
Revelación-fe-dogma-dogmática-clero establecen una estructura inseparable, ya
que esto le da carácter de verdad, legitimidad y definitividad a la institución
iglesia. Desde el giro histórico de la teología y su recepción en el C-VII esto
ha variado un tanto. En la iglesia protestante siempre ha habido una reacción
contra esta estructura definitiva. Dogmas, dogmática, teología deben ser
interpretadas como credos que se diferencian de las Escrituras en que éstas son norma normans (“la norma
que norma”), mientras que los
credos son norma
normata (“una norma que es normada”)…. Mientras que revelación o es el mismo Jesucristo (solo cristo), o las escrituras
(sola escritura) y siempre está más allá de todo sistema teológico.
En síntesis: Revelación, desde la teología cristiana, es una,
única y definitiva: Jesucristo es la verdad salvífica de Dios; teologías, son
muchas.
Como cristianos
confesamos el carácter definitivo de la revelación de Dios en Jesucristo, más
las teologías son las reflexiones que se han elaborado en diferentes épocas y
lugares, desde contextos, culturas, lenguas e intereses particulares.
La Palabra de Dios
tradicionalmente se había reducido al texto de las escrituras. Pero teólogos
como Barth, e.o., nos amplían el alcance de la presencia de la Palabra de Dios
en la creación, la predicación y la comunidad eclesial. Desde el giro histórico
de la teología en el círculo de Heildelberg con Von Rad, Pannenberg, Cullmann,
etc., la revelación se entiende como historia. W. Kasper nos dice de la
siguiente manera,
La fe cristiana y la teología se fundan en la
palabra de Dios, comunicada históricamente
una vez para siempre, y en su obrar en la historia[20].
Los patriarcas, el
éxodo, los profetas, el acontecimiento definitivo de la encarnación, la Reforma
Protestante, la llegada del evangelio a nuestra patria (y antes del cristianismo), hasta nuestros días Dios
se nos ha manifestado para habilitar en cada uno de nosotros la fe y la
esperanza para una humanidad más humanizada.
La esperanza humana es
histórica, ya que aquí se juega el proceso de humanización. La fe orienta la
consciencia más allá del egoísmo y la falsa autoimagen de poderío humano. La fe
activa la confianza fundamental, nos capacita para crear relaciones de igualdad,
fraternidad entre los humanos, que el pecado ha corrompido; a la vez que la
misma fe nos orienta ascendentemente a la aspiración y obediencia al Dios de
Jesucristo. Esto se da en medio de las ambigüedades de la existencia. El tiempo
es el campo de la existencia. Aquí se juega la fidelidad o infidelidad al
llamado a la adhesión incondicional a la Palabra de Dios.
De esa manera no
existe contradicción en decir que la revelación es Universal y las teologías
particulares, pero de manera compleja y dialéctica. La Revelación contiene en
si todas las teologías, con tal de que estas sean Evangélicas; y toda teología,
si realmente son evangélicas, es signo y símbolo concreto en cada cultura de lo
universal y definitivo de la Revelación.
Por lo que hablar de una
teología concreta, o sea, con identidad histórica salvífica nicaragüense, es
posible. Esta posibilidad le da densidad, sustancia, concretes, materialidad,
historicidad dentro de la matriz cultural de cada pueblo a la Revelación; sino
la Revelación degradaría en puro logicismo filosófico a la Hegel.
Así que la expresión 'fides quaerens intellectum" cobra
sentido dentro del proyecto de una verdadera teología nicaragüense.
Teología nicaragüense
como teología latinoamericana de liberación.
La teología
nicaragüense tiene identidad, no solo centroamericana, sino latinoamericana, y
global. Esto se lo da la historia, cultura y desafíos comunes con la gran
patria latinoamericana, y el Sur Global. Por otro lado, también la
interrelación y vinculación con las teologías concretas de cada pueblo a través
del elemento común de cada teología: el evangelio, la verdad salvífica
definitiva, la palabra de Dios, la Revelación: Jesucristo.
La teología
nicaragüense es una teología auténticamente latinoamericana ya que comparte las
historias de exclusión, explotación, expoliación y dominación, a diferentes
niveles, del continente llamado “latinoamericano”. Pero también comparte la fe
cristiana esperanzadora y liberadora, en medio de la fuerte descomposición,
divergencias y conflictos doctrinales dentro de la gran familia cristiana.
La teología
nicaragüense tiene una relación estrecha con la teología de la liberación,
Pablo Richard lo dice con insistencia. Para Richard en Nicaragua ha habido dos,
de los tres niveles de desarrollo de la teología de la liberación: La raíz y el
tronco, o sea, el nivel de espiritualidad y de teología orgánica en las
comunidades de base. Solo hace falta explicitar y sistematizar profesionalmente
esta teología. [21]
La teología
nicaragüense toma de la TL muchas intuiciones, pero busca lo propio, lo
auténticamente nicaragüense en su experiencia de Dios, y en relación con las
ciencias y otras teologías del mundo, con un núcleo luminiscente de evangelio.
Para los que
dictaminaron la muerte de la Teología de la liberación solo os invito a ver a
su alrededor todos los mecanismos de opresión y más pobreza que vive nuestro
pueblo en la compleja e intrincada red de capitalismo de derechas y de
izquierda. En el caso de Nicaragua no es una teología de la liberación sin más,
sino una teología nicaragüense de liberación, como expresión de la “lógica de
las mayorías”, de “la religión popular” como se decía en los años 80, pero que
hoy se plantea como Evangelio encarnado; de la liberación y esperanza para una
nueva Nicaragua. Este ensayo trata de responder al desafío de Richard, del
planteamiento de una teología nicaragüense de liberación sistemática.
[1]
Pixley, J. (1989) ¿Somos evangélicos o Protestantes?. En Revista Xilotl La Identidad evangélica hoy… (no. 4, año 2)
Pág. 45-47. Para ampliar las reflexiones sobre la identidad confesional y
teológica de la iglesia evangélica nicaragüense este número de la Xilotl es de
suma importancia. Además del artículo de: Javier, Melvin (1990) los evangélicos
y la polémica sobre la idolatría en los años 20. Revista Xilotl. La idolatría…
(No. 6, año 3) pág. 13-28
[2]
Barth, K (2006) Introducción a la Teología Evangélica. Salamanca. Sígueme. Pág.
23
[3]
Ibídem…
[4]
Para Barth en su bosquejo de Dogmática, así como para otros teólogos, Palabra
de Dios es tanto la Creación de Dios, como la biblia, la Predicación; pero
fundamentalmente es Jesucristo.
[5]
Tillich, P (1965) La Era Protestante. Buenos Aires. Paidós. Pág. 245-246
[6]
Para conocer los modelos de relación entre iglesia y política en la historia de
Nicaragua ver el capítulo en esta misma obra sobre Teología y Política: servir
para el bien común.
[7]
Ruiz, J. (1989) Nosotros los protestantes: una perspectiva mestiza. Revista
XILOTL. La Identidad evangélica hoy… (No. 4, Año 2) pág. 69
[8]
Urtecho, J. C (2001) Reflexiones sobre la historia de Nicaragua. De la colonia
a la independencia. Managua. Fundación Vida. Pág. 596-597
[9]
Urtecho, J. C (2001), pág. 603
[10]
Porque la historia no es otra cosa que el registro más o menos objetivo y
sistemático de las luchas de cada pueblo por superar las contradicciones
propias y las que desarrolla frente a terceros estados, siempre planteadas
estas últimas en términos de amenaza o de uso de la fuerza. Y cada pueblo las
enfrenta con las armas de la razón, racionalmente, pero también con el
equipamiento psico-social originario. Prehistoria e historia, inconsciente
colectivo y memoria colectiva, son, pues, categorías inseparables que
finalmente se funden en una sola, la identidad nacional. Y ésta, a medida que
se va consolidando, se sublima en “dignidad
nacional, tanto más altiva cuanto más heroica es la historia de los pueblos,
siempre presente en las leyendas populares, en el folclore, en los símbolos
patrios, y en todas las demás expresiones culturales, el arte en todas sus
manifestaciones, y la literatura. a dignidad nacional se convierte,
entonces, en el valor subjetivo por excelencia de cada pueblo, causa y efecto
de su historia subsecuente, hasta el infinito, a menos que en una de tantas
agresiones externas sucumba frente al agresor y éste lo anule frente a la
historia. Aun así, sin embargo, inevitablemente el inconsciente colectivo
actuará como voz de la conciencia, demandando a cada individuo de la comunidad
y a todos ellos, colectivamente, nuevos heroísmos para restablecer la
nacionalidad, el estado-nación, la identidad nacional, la cultura propia, la
dignidad nacional. Díaz, L.A (15/07/2004) Nicaragua,
una reinterpretación. Primera de dos partes. Recuperado de: http://archivo.elnuevodiario.com.ni/opinion/148030-nicaragua-reinterpretacion/
[11]
Díaz, L.A (16/07/2004) Nicaragua, una reinterpretación. Segunda de dos partes.
Recuperado de: http://archivo.elnuevodiario.com.ni/opinion/148170-nicaragua-reinterpretacion/
[12]
Para introducirse a la historia y desarrollo del concepto de teología estudiar:
Libanio, J. B. (2000) Introducción a la teología. DABAR. México D.F. pág.
Capítulo 2 y 3.
[13]
Para ampliar sobre la ruptura entre el saber puro (cogito, ratio) y la razón
simbólica consultar: Durand, G (1968) La Imaginación Simbólica. Buenos Aires.
Amorrortu Ediciones.
[14]
En el capítulo sobre los MODOS DEL SABER NICARAGÜENSE hago una explicación
mayor.
[15]
El genio de Zubiri plantea la relación entre
saber y realidad, fundamento de la inteligibilidad del mundo: el acto único y
unitario de Intelección sentiente es impresión de realidad. Intelegir es un
modo de sentir, y sentir es en el hombre un modo de intelegir… Pues bien, a
intelección humana es formalmente mera actualización de lo real en la
inteligencia sentiente. Zubiri, X (1991) Inteligencia Sentiente, Inteligencia y
Realidad. Madrid. Alianza Editorial. pág. 13
[16]
Damasio, A (2017) El error de Descartes. Barcelona. Ediciones Planeta.
[17]
Otros autores que trabajan esta primacía esta: Fernández, R. (2013) Cerebrando
las emociones. Buenos Aires Bonum.
[18]
La poesía nicaragüense tiene un alto sentido religioso en R. Darío, Azarías H.
Pallais, Salomón de la Selva, Alfonso Cortés, Ernesto Cardenal, e.o. Pero
también nuestra música como la Misa Campesina, las danzas y sones de la Costa
Caribe…
[19]
Para ampliar sobre este tema consultar: Pannenberg, W. (1976)
Cuestiones Fundamentales de Teología Sistemática. Salamanca. Sígueme. pág.
53-76
[20]
Kasper, W. (1974) Fe e Historia. Sígueme. Salamanca. Pág. 20
[21]
Richard, P (1988) La fuerza espiritual de la iglesia de los pobres. San José.
DEI. Pág. 59

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